DÍA DE LA MERCED: Las personas presas no tienen nada que celebrar

Samuel Huesca Triano |
Jurista especializado en Derecho Penal, Penitenciario, Extranjería y Derechos Humanos
Cada 24 de septiembre celebramos la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las personas privadas de libertad. En torno a esta fecha se organizan eucaristías, encuentros, actividades culturales y actos institucionales dentro de las prisiones.
Durante unas horas, la vida penitenciaria parece abrir un pequeño paréntesis en su rutina de recuentos, registros, cerrojos, órdenes, esperas y silencios. Se pronuncian palabras como esperanza, reinserción, humanidad o misericordia. Sin embargo, si queremos contemplar esta realidad desde la honradez del Evangelio, debemos comenzar reconociendo una contradicción dolorosa: quienes permanecen encerrados no tienen demasiado que celebrar ese día.
“Las personas presas no necesitan que celebremos en su nombre.
Necesitan que escuchemos su voz, defendamos sus derechos y trabajemos junto a ellas
para derribar los muros visibles e invisibles que las mantienen excluidas.
Necesitan una Iglesia que no se limite a visitar las cárceles,
sino que se atreva a imaginar y construir una sociedad sin ellas.
Porque la misericordia cristiana no consiste en decorar las cadenas.
Consiste en romperlas”

