Puerto I
Puerto I es una cárcel de primer grado con todo lo que eso significa en cuanto a la forma de vida de los internos y, por tanto, el ejercicio de la pastoral dentro de ella se ve condicionado y se tiene que adaptar a ese “formato”.
No hay reuniones grupales ni hay celebraciones eucarísticas. Se trata de una atención individualizada del preso al que, en muchísimas ocasiones, hay que ver en su celda y con una reja de por medio.
A pesar de eso, el pequeño equipo que entra en Puerto I, formado actualmente por cuatro personas (un sacerdote, un diácono y dos mujeres voluntarias) trabaja con mucha ilusión y constancia para hacer llegar a los presos el mensaje de nuestra pastoral y colaborar, en la medida de nuestras posibilidades, en aquellos aspectos materiales que estén a nuestro alcance.
Además de las visitas periódicas y de las entrevistas personales, atendemos las solicitudes de ropa (la mayoría de los presos son de fuera y no comunican con la familia debido a la distancia), contactamos con las familias para servir de intermediarios en aquellas situaciones que se nos plantean, al igual que con los abogados y trabajamos estrechamente con la trabajadora social y el psicólogo en aquellos casos que así lo requieren.
Estamos hablando de una prisión que actualmente no llega al centenar de presos. Por eso, los datos cuantificados que se podrían dar no serían representativos si los comparamos con los de Puerto III, por ejemplo. No es, por tanto, un trabajo que pueda medirse en cantidad sino en la continuidad y presencia de nuestra pastoral en una prisión totalmente cerrada en la que no hay permisos y en la que los presos están en sus celdas tres cuartas partes del día.
Sin embargo, nuestra labor se ve facilitada por la actitud de los funcionarios que permiten visitar a los presos, incluso en las celdas de aislamiento.
El que la prisión sea pequeña hace también que el número de funcionarios lo sea y, de esta forma, que nos conozcamos personalmente, lo cual también ayuda mucho a nuestra labor.
Durante el tiempo de pandemia, cuando hemos vuelto a entrar, hemos entregado las revistas de pasatiempos que solicitamos en nuestras parroquias. Igualmente, desde que se puso en marcha el tema de los Reyes Magos, se hace entrega a todos los presos de Puerto I de su correspondiente regalo.
En este apartado me gustaría hacer notar cómo hay total colaboración por parte de la dirección del centro ya que los regalos se entregan personalmente a cada interno, incluso a los que están en aislamiento. Yo me visto de rey mago y, acompañado por los voluntarios y personal del equipo de tratamiento, vamos celda por celda entregando en mano los regalos.
Como digo es una tarea peculiar en una cárcel peculiar en la que la pastoral penitenciaria como tal lleva más de treinta años trabajando.
Juan Villarreal Panadero (junio 2021)




